El poeta más fascinante del siglo XIX, Arthur Rimbaud, no vendió ni un libro en vida. El escritor más importante del siglo XX, Franz Kafka, ni siquiera publicó sus libros. Sin embargo, Miguel de Cervantes se convirtió en un fenómeno popular a los cinco minutos de salir de imprenta la primera parte del Quijote en 1605. Todo cabe en la misteriosa viña de la literatura. Así es de prodigiosa esta milenaria labor de escribir historias y de construir belleza con las palabras. Tras la Segunda Guerra mundial se consolidó en Europa y Estados Unidos la figura del escritor profesional, inédita hasta entonces. A quien esto escribe le parece que el escritor profesional solo se da en sociedades democráticas avanzadas, con alto nivel de prosperidad. Pero es verdad que esa figura es reciente y levanta suspicacias. Más informaciónA raíz de que David Uclés ganara hace unos días el prestigioso Premio Nadal un torbellino de opiniones, en prensa y redes, ha venido a enmarañar el viejo asunto de si los novelistas que venden libros son malos y los que no venden son buenos. España es un país que deserta voluntariamente de la racionalidad siempre que puede. Lo vemos en política, claro. Lo asombroso es verlo también en literatura. La crítica literaria en España es también emocional. Es imposible que el crítico evite la sociología en la que viene envuelta una novela. A Uclés con la exitosa La península de las casas vacías le ha pasado lo mismo que a mí con Ordesa. Cuando dichas novelas apenas habían llegado a los expositores de las librerías algunos críticos las apoyaron con fervor, convencidos de que serían obras tan maestras como minoritarias. Cuando se convirtieron en obras populares le retiraron su apoyo. Manuel Vilas en el tiempo de publicación de su novela ‘Ordesa’.KIKE PARAEso hizo Nadal Suau con la novela de Uclés y con la mía. Celebrar una novela que leen amas de casa y jubilados de clubes de lectura de la España vacía, jamás de los jamases, antes muerto que sencillo. Los críticos tienen que construir su propia marca de la casa, su divina personalidad. Es la vieja lucha entre lo popular y lo culto. Y es también el desarreglo emocional que produce a cierta crítica el triunfo de la literatura, en tanto en cuanto esta deja de ser de su propiedad y su gobierno pasa a manos del lector común, tan despreciable para la inteligencia de los elegidos. Sin embargo, estamos hablamos del triunfo de la literatura, en una apelación que usó José Carlos Mainer en un ensayo reciente al hablar de los poetas de la Generación del 27. ¿Qué fue en realidad la Generación del 27 sino el triunfo de la literatura? Federico Garcia Lorca no es patrimonio de los cientos de especialistas del mundo académico. Lorca es de todos. La literatura, muy de vez en cuando, irrumpe en las librerías y se impone a los libros comerciales y es capaz de vender miles de ejemplares. Eso beneficia a todo escritor que intente construir novelas de sólida intención literaria. Sin embargo, no ocurre así en España, este país de todos los demonios, en donde el éxito de una novela literaria la apea de forma veloz del adjetivo “literario”. Hay que celebrar siempre que los libros de intención literaria, te gusten más o te gusten menos, o incluso si te revientan, se vendan a miles. Tiene su punto cómico, puesto que si la literatura no triunfa de vez en cuando nos quedaremos sin libreros que la recomienden, sin editores que la editen, y sin suplementos literarios que la comenten; y dos grandes de la crítica como Nadal Suau e Ignacio Echevarría se quedarían sin trabajo. La literatura, muy de vez en cuando, irrumpe en las librerías y se impone a los libros comerciales y es capaz de vender miles de ejemplares.Me acuerdo de que en su día Echevarria se lamentaba campanudamente del éxito de Patria, de Fernando Aramburu. Y me acuerdo de que Nadal Suau tildó de libro fallido a la excepcional novela Un andar solitario entre la gente de Antonio Muñoz Molina, libro que en Francia no debieron de encontrar nada fallido cuando ganó nada menos que el premio Médicis, uno de los galardones más codiciados de la literatura internacional. Fallido en España; excepcional en Francia. Tiene su paso de comedia, claro. Por supuesto que la literatura ocurre en otro sitio, ocurre casi siempre en el corazón desesperado y solitario de un escritor o escritora. Ese fue siempre su lugar, pero desde ese corazón la literatura comienza un largo viaje a las regiones más inesperadas de la vida, de la política y de la historia, y ese viaje es hermoso, y censurar ese viaje es no haber entendido que la literatura acaba su periplo y el sentido de su ser en los ojos de un lector que de repente queda enamorado de la página de un libro. Me debo a mis lectores, dijo Miguel Delibes, y tenía razón. Mis lectores me dan la libertad, dijo Almudena Grandes, y tenía razón. En la literatura un 50% lo pone el escritor y otro 50% lo pone el lector, dice siempre Javier Cercas, y tiene razón. Los lectores, amigos míos, son la literatura. Desempolvemos el ya casi moribundo valor de la tolerancia. Toleremos todos los libros. Todos los libros importan. Los que venden cien ejemplares y los que venden cien mil y los que venden diez y los que venden diez millones. La literatura ocurre casi siempre en el corazón desesperado y solitario de un escritor o escritoraLeamos todos cuantos podamos. Ahora, eso sí, en el capitalismo lo mejor que puedes hacer por un libro es comprarlo. Y luego, si hay suerte, leerlo. Pero primero comprarlo. Y no seamos ni hipócritas ni románticos cursis: los escritores necesitan comer tres veces al día. No los matemos de hambre, que sudan lo suyo delante de las pantallas de los ordenadores. Amemos los libros con pasión, y celebremos siempre el triunfo de la literatura sobre la ignorancia y la historia.

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