El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezó el martes, día del primer aniversario de su regreso al poder, poniendo patas arriba el orden mundial con una serie de mensajes en Truth, y tenía previsto terminarlo viajando por la noche (hora de Washington) rumbo al Foro Económico de Davos, localidad suiza en la que cada año se reúnen los poderes económico, político y tecnológico mundiales. A mitad de la jornada, Trump aún tenía otra sorpresa preparada: una comparecencia en la Casa Blanca, no anunciada, que sustituyó a la de su portavoz, Karoline Leavitt. Pronto quedó claro que resultaría una intervención larga (acabaron siendo casi dos horas; con un monólogo de más de 80 minutos incluido) e inconexa, en la que el republicano saltó sin aparente método de un tema a otro, de la política nacional a la internacional y de los hechos a las exageraciones. Hacia el final, le preguntaron hasta dónde estaría dispuesto a llegar en su afán imperialista de comprar o hacerse de otro modo con Groenlandia: “Ya lo descubriréis”, dijo. “Hemos hecho más que ninguna Administración previa a esta”, había proclamado al principio de su comparecencia, que empezó con casi una hora de retraso y en un tono extraño. Poco antes de despedirse, y después de asegurar que creía que Dios estaba “orgulloso” de él, insistió: “Heredamos un desastre, un país que estaba roto. Y la imagen ahora es hermosa”. Trump empezó hablando a los reporteros que abarrotaban la sala con aire desdeñoso, como bajo de energía, y sin guion, mientras barajaba unos papeles con fichas policiales de presuntos delincuentes de Minnesota (“en muchos casos, son asesinos, capos de la droga, traficantes”, dijo), y aprovechaba para atacar a algunos de sus enemigos, a los que llamó “enfermos”, y repetir mentiras como la que sostiene, aún más de cinco años después, que los demócratas le “robaron” la elección de 2020. “Me entretengo con esto, porque me parece que tenemos tiempo de sobra hasta que me vaya a Suiza”, dijo, mientras seguía mostrando con desgana efigies de supuestos criminales, las frases quedaban a menudo sin terminar y el acto abundaba en su incoherencia. Poco antes de la comparecencia del presidente en la Casa Blanca, su servicio de prensa había difundido un documento de 18 páginas para detallar los que consideran que han sido los logros del primer año de Trump 2.0. Se trata de una lista con 365 puntos, tantos como días, que vendrían a probar, según Washington, una “nueva era de éxito y prosperidad” en Estados Unidos. Trump enarboló un libro gordo desde el podio de la sala de prensa, en lo que parecía una especie de versión extendida de ese texto, y dijo: “Podría estar durante una semana leyendo estos logros y no terminaría”. Minutos después, lo blandió de nuevo y lo tiró al suelo.La lista difundida a los medios viene dividida en 10 categorías, con títulos que se refieren, por ejemplo, al “blindaje de las fronteras estadounidenses”, la “reconstrucción de la economía” o los esfuerzos por “hacer que Estados Unidos sea saludable de nuevo”. Como suele ser habitual con Trump, entre esos 365 puntos, hay hechos contrastados, exageraciones e interpretaciones reñidas con la realidad. En la lista no hay referencia alguna a la manera en que estos 12 meses Trump ha aprovechado su posición para aumentar su riqueza, que, según publicó este martes The New York Times, ha engordado en algo más de 1.408 millones de dólares. Cuando habló a la prensa, el presidente de Estados Unidos repitió argumentos conocidos. Se centró en defender que había bajado la inflación, aunque sigue más o menos en el punto en el que la dejó su predecesor, Joe Biden. En que las empresas “están volviendo a Estados Unidos” y en que ha abaratado el precio de los medicamentos. Es solo el principio, advirtió, “de la mayor caída de la historia”. De hasta un “600%”, agregó, aunque eso sea matemáticamente imposible. También presumió del bajo costo de la gasolina y de haber desplegado la Guardia Nacional en varias ciudades (especialmente orgulloso se mostró del caso de Washington, sobre la que mintió al decir que en ella “virtualmente ha desaparecido la delincuencia”), así como de haber “cerrado la frontera”. “Heredamos la peor [situación en la] frontera de la historia y la convertimos en la mejor”, sentenció. Insistió asimismo en su defensa de los aranceles, ahora que el Tribunal Supremo está a punto de emitir una sentencia que podría declararlos inconstitucionales. Atacó a los demandantes del caso y presionó una vez más a los jueces que lo están estudiando para que no tumben su política comercial. Antes de ese repaso, el principio de su intervención se había centrado en Minnesota, el estado demócrata al que el presidente de Estados Unidos ha puesto en las últimas semanas en el punto de mira por un caso de corrupción por el que ha responsabilizado a toda la comunidad somalí, y, en especial, a la congresista de ese origen, Ilhan Omar. Su Administración también ha convertido su ciudad más poblada, Minneapolis, en el escenario de los peores enfrentamientos entre los agentes federales enviados por Washington para organizar redadas de migrantes y los manifestantes. Trump cumple su primer año de regreso en el Despacho Oval un par de semanas después de haber ordenado una temeraria operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que parece haberle envalentonado en el tablero internacional, y en mitad de una campaña de presión global para hacerse con Groenlandia a base de amenazar a sus socios de la OTAN y de la Unión Europea con nuevos aranceles. Comparecencia de Trump en la Casa Blanca, este martes. Mark Schiefelbein (AP)Su popularidad está en negativo desde hace más de 300 días, y las encuestas indican que los estadounidenses no están contentos con la marcha de la economía −en especial con la crisis por el coste de la vida−, con la excesiva atención del Gobierno a los asuntos internacionales, frente a la agenda doméstica, y con la campaña de terror anitimigratorio que está desplegando su Administración por ciudades de todo el país. El Nobel de MachadoEn el ámbito de la política internacional, presumió de haber logrado que los miembros de la OTAN aumenten su gasto en defensa hasta el 5% del Producto Interior Bruto (“he hecho más por esa organización más que nadie en la historia”, aseguró), recordó su ataque de junio pasado al programa nuclear iraní y aseguró que Estados Unidos vuelve a “ser un país respetado”. Se detuvo un par de veces en la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a la que se refirió solo por el nombre de pila, y agradeció que le diera su galardón en el Despacho Oval la semana pasada. “Tal vez podamos involucrarla de alguna manera. Me encantaría poder hacer eso”, afirmó. También dijo: “Estamos trabajando estupendamente con Venezuela”. Se refería a la colaboración que ha establecido con las autoridades chavistas, con Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Nicolás Maduro, y ahora presidenta interina. Insistió en ello un par de veces, y dijo que el régimen de Caracas “ha liberado a muchos prisioneros políticos en Venezuela”, pese a que las cifras no sostienen esa aseveración. “El mundo nunca ha visto una operación militar como la que lanzamos”, proclamó, antes de insistir en una de sus exageraciones favoritas: “Hemos acabado con ocho guerras en 10 meses”.No es habitual que el presidente se deje ver por la sala de prensa de la Casa Blanca. La última vez que lo hizo fue en agosto pasado, para anunciar su orden de desplegar la Guardia Nacional en Washington. Antes, en junio, intervino desde el atril de Leavitt, adornado en estas ocasiones con el sello presidencial, cuando le urgía comentar los éxitos concedidos al término del curso judicial por la mayoría conservadora del Tribunal Supremo (seis jueces contra tres).La comparecencia de este martes llegó después de una mañana en la que empleó Truth para atacar a la OTAN, para repostear sin parar noticias de la prensa elogiosos con su desempeño en los últimos meses o para presumir del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, que ha convertido en el ariete con el que trata de cumplir con una de sus promesas de campaña: lanzar “la mayor deportación de la historia” del país. Durante su intervención, el presidente de Estados Unidos se maravilló en varias ocasiones de que la “mayor parte” de esos agentes y de los de la Patrulla Fronteriza sean “hispanos”.
Trump, sobre hasta dónde está dispuesto a llegar con Groenlandia: “Ya lo descubriréis” | Internacional
Shares:
