Las conversaciones para frenar la guerra en Ucrania, que continuarán previsiblemente esta semana en Miami, chocan con un obstáculo central que mantiene el proceso en un punto muerto. Son 5.400 kilómetros cuadrados de suelo ucranio, el equivalente a la provincia de Pontevedra, que Rusia exige y al que Ucrania se aferra. Es el 22% de la provincia de Donetsk que las fuerzas de Moscú aún no han logrado tomar por las armas. Para Kiev, en la cesión de ese territorio no está solo en juego la soberanía nacional, la moral de sus tropas, el orgullo de su población. En esa zona de Donbás se juega también el futuro de su defensa militar. Ucrania no confía en Rusia. La historia le recuerda que no puede hacerlo. Con la invasión a gran escala, de la que se cumplen cuatro años el 24 de febrero, el presidente ruso, Vladímir Putin, demostró una vez más el escaso valor de su palabra. Svetlana Sambur, dependienta de 52 años en una tienda de alimentación de Kiev, expresa una opinión generalizada en la sociedad ucrania. Uno de sus hijos fue prisionero de guerra y el otro, junto a su hijo y a su marido, está en el frente. Claro que quiere que la guerra acabe. Cuanto antes. Pero para ella las negociaciones son un teatrillo: “Rusia no va a parar aunque se llegue a un acuerdo. Ya lo han hecho”, dice con relación a los pactos de Minsk que se firmaron para poner fin precisamente a la guerra de Donbás de 2014 y que Rusia se saltó. “Volverán a hacerlo”, zanja. Como ella, el 52% de los ucranios rechazan categóricamente la propuesta de ceder la totalidad de esa región del este a Rusia a cambio de garantías de seguridad de Estados Unidos, según una encuesta del Kyiv International Institute of Sociology (KIIS) publicada estos días. Para Moscú es una condición innegociable. Para Kiev, como dice el presidente, Volodímir Zelenski, es una “línea roja”. Washington, la tercera pieza del puzzle, se inclina hacia las demandas de Moscú, con una solución intermedia que intenta convencer a Ucrania, sin éxito.En 2014, el año en que Rusia se anexionó ilegalmente la península de Crimea, comenzó a través de proxis, movimientos separatistas apoyados por Moscú, un conflicto armado para supuestamente liberar al “pueblo de Donbás”. El 21 de febrero de 2022, tres días antes de la invasión a gran escala de Ucrania, Moscú reconoce oficialmente las autoproclamadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk, que forman Donbás. En septiembre de ese año proclamó su anexión a la Federación Rusa, junto con Jersón y Zaporiyia. Además del valor simbólico, Donbás supone para Rusia un corredor terrestre hacia Crimea. Una mujer sacude una manta por la ventana, sin cristales tras un ataque ruso, este sábado en Kramatorsk, en Donetsk.UKRAINIAN ARMED FORCES (via REUTERS)La propaganda del Kremlin fabricó la invasión como una “operación militar especial” con, entre otros objetivos, “defender” al “pueblo de Donbás” de un supuesto genocidio por sus orígenes o vínculos con Rusia. Como dice Vadym Denysenko, historiador y director del Ukrainian Institute for the Future, ese supuesto pueblo o nación de Donbás “no es más que un constructo político inventado tras 2014, sin ningún tipo de raíz histórica”. El 70% de la región, con grandes yacimientos mineros y una potente industria pesada, era ucranio. Antes de la guerra de 2014 tenía 6,2 millones de habitantes. “Ahora es una región empobrecida, con entre el 40 y el 45% de pensionistas entre la población que queda”, explica Denysenko en una cafetería cercana a la plaza Maidán. Escenario de las batallas más sangrientas del conflicto, muchas ciudades han quedado reducidas a polvo y escombros.Oleksiy Melnyk, experto en seguridad internacional y codirector del centro de análisis Razumkov, explica que “Putin necesita vender algo internamente que justifique las enormes bajas, las dificultades económicas y las pérdidas geopolíticas” que le han costado la guerra. Lograr el control de Donbás le serviría para mostrar que ha logrado los objetivos de su ofensiva. Defensa estratégica de UcraniaKiev no puede permitirse ceder lo que le queda de Donetsk. Los motivos son múltiples, pero uno central es pura estrategia militar. Tras la guerra de 2014 y a pesar de los acuerdos de Minsk, Ucrania tuvo claro que Rusia emprendería nuevas aventuras militares y construyó una importante infraestructura de fortificaciones precisamente en esta zona que aún controla. El terreno, con colinas y grandes ciudades, es también favorable para su defensa. “Eso fue lo que permitió frenar la invasión a gran escala en los primeros días de 2022”, subraya Melnyk. Como explica también Mykola Bielieskov, analista del centro de iniciativas CBA, si el país pierde “la parte noroeste alrededor de Sloviansk y Kramatorsk, entonces solo hay llanuras en la región de Járkov y en la de Dnipropetrovsk. No hay tampoco una gran zona urbana cercana para anclar la defensa ucrania”. En consecuencia, “si entregamos estos territorios sin luchar, significa que quedamos a merced de Rusia: los rusos pueden reanudar los combates y Ucrania estaría en desventaja”.Un soldado ucranio en posición para disparar a drones rusos, el pasado 31 de enero en Donetsk.Iryna Rybakova (AP)Para Kiev, la mejor solución posible en la mesa de negociación, aunque implica asumir también una renuncia territorial, es congelar la línea actual del frente en esa región, como en el resto. La Administración estadounidense presiona, sin embargo, para terminar la guerra esta primavera y condiciona las garantías de seguridad que pide el Gobierno de Zelenski a la cesión territorial. En lugar de entregarle terreno a Rusia, Washington propone crear una zona desmilitarizada. Ucrania ha respondido que si ellos renuncian a una parte de terreno para crear esa tierra de nadie, los rusos deben hacer lo mismo en un área equivalente. Zelenski propone que una fuerza internacional de interposición controle el cumplimiento del alto el fuego y los términos del acuerdo territorial en esa zona. La cuestión es quién compondría esas fuerzas. “¿Están preparados Estados Unidos y Europa para hacerse cargo de estos territorios? Creo que la respuesta, por el momento, es obvia: es una especie de utopía”, dice Melnyk.“Podría ser una misión de la ONU formada por países no alineados; no debería ser China, pero probablemente tampoco europeos, porque no sería aceptable para Rusia. Así que podrían ser paquistaníes, por ejemplo, que son bastante comunes en las fuerzas de la ONU”, sugiere Bielieskov. “Ese es un escenario hipotético”, añade en todo caso el también investigador del National Institute for Strategic Studies que asesora a la presidencia ucrania.Frente a la presión estadounidense, que tiene la vista puesta en las elecciones de medio mandato de noviembre, Ucrania hace malabares para preservar sus intereses sin enfadar a Trump. Porque mientras haya guerra, Ucrania sigue dependiendo de la inteligencia y el armamento estadounidense. Y si se consigue la paz, EE UU es el único con la capacidad disuasoria necesaria para obligar a Rusia a mantenerla.Zelenski hace equilibrios entre la presión de Putin, la de Washington, y la interna. Ceder los territorios sería un suicidio político, pero constitucionalmente, se escapa de sus competencias: el tema debe ser sometido a un referéndum. La cesión sería además un golpe psicológico para la mayoría social que la rechaza, frente a un 40% que la aceptaría. Esa división, y la consecuente posibilidad de enfrentamiento interno, es también uno de los juegos preferidos del Kremlin.Distintas estimaciones calculan que, si Rusia siguiera con el nivel de avance actual en el frente de batalla, necesitaría entre uno y dos años para hacerse con la totalidad de Donetsk por las armas. En el camino, perdería decenas de miles de combatientes. Ucrania también, pero como dice Bielieskov, “es preferible perderla luchando que rendirse unilateralmente”. “Para los militares que están defendiendo el avance ruso, sería básicamente una traición”, dice. Sergii, un militar de 53 años que está en Kiev por una reunión importante, expresa esa misma idea en cuanto se le pregunta en la calle, cerca del memorial a los caídos en la guerra, por la hipotética cesión de lo que aún controlan en Donetsk: “He perdido a muchos amigos, tantos que ya no puedo contarlos. Ellos no entenderían ni perdonarían si se lo entregásemos y nos rindiésemos. No tenemos derecho a hacerlo”.Dos mujeres junto al memorial por los caídos, en la plaza Maidán de Kiev.
SERGEY DOLZHENKO (EFE)

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