Mientras buena parte de los países occidentales -incluida España- encadenan caídas reales en resultados de aprendizaje, en los estados del sur de Estados Unidos se está produciendo una revolución de política educativa que está rompiendo muchos esquemas.En España, Europa y buena parte de Estados Unidos, seguimos enfrascados en debates menores atravesados por dinámicas de poder entre actores. Las administraciones no son capaces de poner en marcha políticas e incentivos con objetivos claros y medibles para mejorar el aprendizaje real del alumnado, cuando este se ha convertido en el principal reto de los sistemas educativos modernos. Tanto en el qué como, sobre todo, en el cómo, el llamado “Ascenso del Sur” (Southern Surge) no tiene precedentes. Varios de los estados más pobres de Estados Unidos, como Luisiana, Tennessee, Misisipi o Alabama, históricamente a la cola en lectura y matemáticas en primaria según las pruebas NAEP, han protagonizado una de las historias de mejora más relevantes en un contexto de caída generalizada iniciado en 2013. El caso de Misisipi es ilustrativo: pasó de ser el estado con peores niveles de lectura en 4º de primaria a alcanzar la media nacional, y lo logró elevando de los resultados de la minoría negra: en solo 20 años los alumnos afroamericanos de Mississipi pasaron de ocupar el puesto 43 al tercer puesto a nivel nacional. En Tennessee, la mejora en 8º curso fue la más rápida de todo el país. No fue magia. Tampoco los impuestos, como diría el meme. Fue inversión inteligente, y, sobre todo, una concienzuda implementación. Estas son las cuatro “lecciones sureñas” que merecen la pena ser tenidas en cuenta. 1. Tomarse en serio los materiales curriculares de lectura y matemáticas. En lectura, muchos estados y distritos en USA se han posicionado históricamente en favor de la lectura global (en vez de la fonética), la cual ha mostrado resultados desastrosos. Sin embargo, los estados del sur cambiaron la estrategia y optaron por una enseñanza explícita y sistemática en fonética, fonología y conciencia morfológica. Además, contra la tendencia nacional, se promovieron planes de lectura con textos ricos que incorporaron un abanico de conocimientos amplio de historia, ciencia o geografía. Esto último es quizás lo más relevante para el caso español, que aun habiendo acertado desde hace décadas con un modelo de lectura basado en la fonética, se mantiene en el bucle infinito separando contenidos y competencias como si no fueran parte de lo mismo. En matemáticas, además, se ha puesto el foco en retomar unos estándares claros de aprendizaje y en asegurar que los maestros de primaria tuvieran una comprensión profunda de la materia. El objetivo era una enseñanza basada en principios matemáticos sólidos y con una secuencia lógica, demostrando que la innovación no está reñida con la disciplina académica. Quizás lo más importante es que, mientras en Estados Unidos es habitual que los estados evalúen los materiales que van a entrar en sus escuelas, en España seguimos sin desarrollar instituciones que revisen dichos materiales. Después nos llevamos las manos a la cabeza con los recién llegados, que, por cierto, sí han pasado esos controles en sistemas avanzados como el norteamericano. 2. Repensar la repetición de curso en Primaria. Varios de estos estados adoptaron controvertidas leyes que promueven la repetición de curso alrededor de los 8 o 9 años, y solo una vez. Esta medida, hoy residual en la mayoría de los países del mundo en Primaria, perseguía un fin muy sencillo. Asegurarse que todos los alumnos sabían leer antes de poder aprender leyendo. La herramienta no era sumativa sino formativa (y por tanto de prevención temprana), ya que todos los alumnos que repiten o están en riesgo de hacerlo reciben un apoyo intensificado e individualizado antes, durante y después de este proceso. Evaluaciones causales de la medida muestra que, efectivamente, al combinar la medida con medidas de acompañamiento y refuerzo, el efecto ha sido positivo en lectura y matemáticas en el corto plazo (ver aquí, aquí o aquí). Esto es algo sorprendente pues toda la literatura causal de la repetición en secundaria muestra un impacto notablemente negativo en la continuación de los estudios. 3. La implementación, la clave de bóveda. En lugar de financiar proyectos dispersos y sin evaluar, los estados sureños invirtieron los recursos en implementar bien su nueva visión. Esto significó varias cosas. Primero, las ya citadas revisiones exhaustivas y profesionales del material curricular que entraba en las aulas; segundo, el desarrollo de materiales y guías con docentes, incorporando casos de uso prácticos para formar a todo el profesorado (con una remuneración aparte); tercero, la contratación de figuras intermedias (formadores, coaches, especialistas) para formar a todo el profesorado buscando el tiempo necesario para dar esa formación. Por ejemplo, en el caso de Tennessee, los datos muestran que el 96% del profesorado recibió formación sobre uso de materiales y guías sobre la enseñanza de la lectura.4. El progreso real implica un uso intensivo de datos para su seguimiento. Conviene desterrar la caricatura habitual, que suele proteger de manera poco elegante un modelo opaco y de baja responsabilidad del sector educativo. Evaluar periódicamente si un niño de 10 años comprende un texto escrito no es ser resultadista (o neoliberal): es proteger de manera radical su derecho a la educación. El Southern Surge se sostuvo con una gestión de datos ejemplar. Se hizo un seguimiento riguroso de todo: desde la formación del profesorado hasta el aprendizaje de los alumnos. Los datos no solo se usaban para medir el resultado final, sino para ajustar la implementación en tiempo real. La clave no era tener datos, sino usarlos para la toma de decisiones pedagógicas a nivel de centro en todo momento.El “Ascenso del Sur” es difícil de digerir en nuestro sector, tan polarizado y pesimista, porque tiene a la vez ingredientes que pueden percibidos como conservadores (repetición, estándares, evaluación intensiva) y progresistas (inversión pública adicional, foco en equidad y apoyo al profesorado). Y porque ha abordado sin excusas tanto los procesos (contar con docentes y acompañarlos) como los resultados (se han reducido o protegido el aumento de las brechas de aprendizaje). Lo que está ocurriendo en un lugar tan insospechado como los estados sureños – todos ellos gobernados por administraciones republicanas, por cierto- invita en todo caso a la reflexión. La realidad es que debemos comenzar, de manera radical, a hacer política educativa de otra forma, pensando más en el cómo y no tanto en el qué. Como decía Michael Barber, asesor en materia de educación de los gobiernos de Blair y Brown en el Reino Unido, que tantas mejoras de financiación y resultados trajeron: “pensamos que en política educativa el 90% del éxito viene de tener buenas ideas y el 10% restante de implementarlas; pero es justo al revés. Solo el 10 por ciento tiene que ver con decidir qué se quiere hacer; el otro 90 por ciento son la sangre, sudor y lágrimas de una implementación implacable”.Lucas Gortazar es director de Educación de EsadeEcPol. @lucas_gortazar.

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