En las últimas semanas hemos vivido episodios de lluvias continuadas en distintas zonas del país. La meteorología nos avisa con precisión de cuándo llega la lluvia, pero el verdadero desafío empieza cuando el agua toca el suelo. Es entonces cuando se encuentra con terrenos muy distintos entre sí: suelos más o menos permeables, laderas inestables, zonas inundables ocupadas por construcciones, áreas degradadas por incendios o prácticas insostenibles, y cauces naturales alterados. Esa combinación explica buena parte de los daños económicos, sociales y ambientales que vemos tras cada episodio extremo.Estos procesos no son nuevos, pero sí cada vez más frecuentes. Y eso significa que, cuando aún estamos recuperándonos de una emergencia, puede llegar la siguiente. Si no actuamos con inteligencia, corremos el riesgo de entrar en una espiral de pérdidas continuas que afecte a los presupuestos públicos, a las familias y al medio ambiente. Basta recordar los más de 100.000 vehículos dañados en la DANA de Valencia: un impacto económico enorme, pero también un problema ambiental de primer orden.La buena noticia es que tenemos herramientas para anticiparnos. Y una de las más poderosas —aunque a menudo olvidada— es la geología.La geología es nuestra aliada para entender el terreno, pues estudia cómo es el suelo, cómo se comporta y cómo cambia con el tiempo. No es un conocimiento abstracto: es la base para tomar decisiones seguras sobre dónde construir, cómo diseñar infraestructuras y cómo convivir con un clima cada vez algo más extremo.Cuando ignoramos la geología, construimos a ciegas. Cuando la incorporamos, ganamos seguridad, eficiencia y resiliencia.Ejemplos cotidianos lo ilustran bien:Una carretera puede ser una nueva barrera que desvíe las aguas de escorrentía, provocando inundaciones en zonas donde antes no se producían.Un garaje subterráneo en un área inundable puede convertirse en una trampa.Una urbanización en una ladera puede desestabilizar el terreno si no se estudia su composición.Un cambio en el uso del suelo puede modificar la dinámica de un río y aumentar el riesgo aguas abajo.Nada de esto es inevitable. Con estudios geológicos adecuados, estos riesgos pueden preverse y minimizarse. Las infraestructuras también necesitan profesionales de la geología.Planificar bien es solo el primer paso. Una vez construidas, las infraestructuras requieren un mantenimiento continuo que tenga en cuenta la evolución del terreno. Los procesos geológicos son dinámicos: el agua excava, las laderas se mueven, los taludes se debilitan, los suelos se compactan.Cuando no se vigilan estos cambios, aparecen problemas que todos hemos visto: desprendimientos que cortan carreteras, taludes que caen sobre vías ferroviarias —paralizando líneas enteras—, asientos diferenciales que dañan edificios.España, con su orografía compleja, tiene más túneles, puentes y taludes que muchos países europeos. Eso exige una vigilancia geológica constante. Contar con geólogos en el mantenimiento de infraestructuras no es un lujo: es una medida de seguridad básica.Un país con poca cultura geológica. A pesar de su importancia, la geología sigue siendo una gran desconocida. Apenas aparece en los planes educativos, y eso se nota: la ciudadanía no siempre comprende por qué ciertas zonas no deben urbanizarse, y muchas administraciones no integran criterios geológicos en sus decisiones.Además, cada vez menos jóvenes estudian geología. Si no actuamos, faltarán profesionales y dependeremos de expertos extranjeros, como ya ocurrió en el pasado. Paradójicamente, nunca habíamos necesitado tanto a esta ciencia.Es urgente actualizar los planes de estudio. Hoy es más útil entender cómo se fabrica lo que usamos, cómo se comporta el terreno o cómo se gestionan los recursos naturales que memorizar estructuras cristalinas que cualquiera puede consultar en un manual.La sostenibilidad empieza bajo nuestros pies. Todo lo que nos rodea —el agua, los suelos, los minerales, las montañas— tiene un origen geológico. Si queremos un país más sostenible, más seguro y con menos desigualdad, necesitamos integrar ese conocimiento en todas las decisiones: desde abrir una mina de minerales estratégicos hasta adaptar nuestras viviendas a un entorno cambiante.La prevención no empieza cuando llega la emergencia, sino mucho antes, cuando las instituciones planifican a largo plazo y escuchan a la ciencia. Un mensaje claro para el futuro. La geología no es solo una disciplina científica: es una herramienta de bienestar colectivo. Nos ayuda a entender el terreno, anticipar riesgos y construir un país más preparado para los desafíos del clima y del futuro.Nieves Sánchez Guitián, presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos.

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