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Durante más de un año y medio, las autoridades investigaron a una red dedicada a obtener de manera ilegal la secreción de la rana amazónica Phyllomedusa, una especie de anfibio que solo se consigue en zonas de selva de la frontera entre Colombia, Perú y Brasil.En los últimos días, en operativos simultáneos realizados en varias regiones del país, fueron capturados 5 integrantes de la red y se incautó celulares que eran aprovechados por la organización para el uso ilícito de recursos naturales, enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir.Las pesquisas permitieron reconstruir la cadena criminal, que incluía la caza de las ranas en zonas remotas de la Amazonía y su traslado a Risaralda, donde se extraía artesanalmente la sustancia mediante prácticas que ponían en riesgo la supervivencia de los anfibios y afectaban ecosistemas protegidos.Una de las ranas sometidas para la extracción del veneno. Foto:CortesíaSegún el brigadier general Carlos Germán Oviedo Lamprea, esta organización generaba alrededor de $1.500 millones anuales con la explotación de una especie clave, por lo que su desarticulación constituye un paso para frenar el tráfico de fauna y hacer cumplir las normas que protegen la biodiversidad, como el Decreto 2811 de 1974.El origen de la investigación remite a una denuncia formulada hace aproximadamente año y medio ante la Corporación Autónoma de Risaralda. En ese momento se reportó la manipulación de ranas en supuestos rituales, lo que motivó la intervención de la Fiscalía y el inicio de interceptaciones, vigilancias e infiltraciones. Durante esta etapa se identificó que los integrantes del grupo no pertenecían a comunidades indígenas, pese a usar carnés falsos provenientes del Perú para justificar actividades y movilidad. Una de las capturadas en el operativo. Foto:CortesíaEL TIEMPO conoció que, a medida que avanzaron las interceptaciones, se fueron estableciendo roles dentro de la red. Los registros incluyen comunicaciones con tres ciudadanos peruanos que capturaban las ranas en la selva y las enviaban vivas mediante rutas fluviales hacia Colombia. Desde Putumayo, los animales eran trasladados hasta Cali y, posteriormente, a Risaralda, donde se adelantaba la extracción del veneno. Algunos envíos del veneno también se hacían en forma de tablillas secas que pasaban por controles aeroportuarios sin mayores alertas.El seguimiento judicial permitió documentar varias incautaciones de tablillas en aeropuertos nacionales. Las piezas fueron remitidas al laboratorio de especies de la Dijín en Bogotá, donde se emitieron informes técnicos que confirmaron la presencia de veneno de rana Kambo. Estos análisis consolidaron el acervo probatorio alrededor del tráfico de especies y del enriquecimiento derivado del comercio de la sustancia.Una zona de la Amazonía. Foto:Edwin Caicedo. EL TIEMPOEn otra línea de la investigación se estableció que el veneno era utilizado en sesiones ofrecidas como tratamientos de sanación. Los operativos de infiltración permitieron observar encuentros en los que los asistentes acudían en ayunas y recibían pequeñas incisiones en brazos o espalda para aplicar la secreción, posteriormente, los participantes presentaban vómitos, desmayos y alteraciones fisiológicas compatibles con los efectos del producto, que se administraba en tres jornadas consecutivas. La estructura captaba personas con enfermedades preexistentes y les ofrecían estos procedimientos sin sustento médico. LEA TAMBIÉN Los investigadores confirmaron que la red replicaba este modelo en países como Ecuador, México y Polonia, y los viajes se organizaban cuando había suficientes personas inscritas para las sesiones, que se realizaban generalmente en fincas para evitar alertas. En Colombia, una jornada costaba entre 90.000 y 100.000 pesos; en México, los valores ascendían a aproximadamente 100 dólares por sesión, con esquemas de tres días por persona.Dentro del componente ambiental del caso se estableció que las ranas podían ser sometidas a múltiples extracciones, aunque una parte moría por agotamiento o estrés. Otras eran devueltas a la selva luego de perder su capacidad natural de defensa, sin certeza sobre su supervivencia.Los hallazgos expuestos por los investigadores subrayan el impacto ambiental, económico y transnacional de la operación sobre la red que comercializaba el veneno. También dejan en evidencia la expansión internacional de los rituales basados en la sustancia, su oferta a personas con condiciones de salud delicadas y la estructura logística que sostenía el tráfico desde la Amazonía hasta destinos en distintos continentes.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia:
