Uno de los fenómenos más preocupantes en estos tiempos oscuros es la normalización del racismo. La idea del Gran Reemplazo —adoptada por líderes ultraderechistas, pero también por una derecha en teoría menos extrema— mezcla además el racismo con el antisemitismo. En la versión original de esta delirante teoría, que dirigentes políticos esgrimen sin complejos ni vergüenza, se acusa a los judíos —concretamente a George Soros— de conspirar para llenar Occidente de musulmanes y negros con el fin de reemplazar a la población cristiana blanca.Sin embargo, Europa constituye el relato de una gran migración. De hecho, la historia de la humanidad se puede leer como una inmensa migración, que comenzó en África hace millones de años, y que todavía está en marcha. En casi todos los casos no se trata de personas que dejan sus países voluntariamente, sino de seres humanos que huyen de la miseria, la violencia y la tiranía, o de las tres cosas a la vez. A lo largo de la historia, muchas migraciones que han forjado nuestro mundo están provocadas por el hambre o la persecución, como ocurrió con los millones de europeos que poblaron América a partir de 1492, exterminando a sus habitantes originales. No deja de ser curioso que los que sostienen la trola racista del Gran Reemplazo sean, generalmente, también defensores de aquella conquista durante la que desaparecieron en torno al 90% de las personas que habitaban el continente antes de que llegaran los europeos. Más informaciónPero no hace falta remontarse a la Edad Moderna o a la Prehistoria. La reconstrucción económica y social de Europa occidental tras la II Guerra Mundial no se puede entender sin la contribución de millones de migrantes, entre ellos muchísimos españoles y portugueses que viajaban hacia el norte en busca de trabajo o una vida lejos de dictaduras fascistas. También llegaron millones de habitantes de lo que entonces eran colonias, que rehicieron su vida en las metrópolis, como ocurrió con los argelinos, tunecinos, malienses o senegaleses en Francia. Los Treinta Gloriosos —el periodo de sólido crecimiento económico entre 1945 y 1975— no se puede entender sin la mano de obra inmigrante, en muchos casos, sin su explotación.Romain Gary en su estudio, en una imagen sin fecha.INA (INA via Getty Images)Una de las historias más extraordinarias de la literatura del siglo XX homenajea aquella gigantesca migración. Lo acaba de recordar Kerwin Spire en su libro Monsieur Romain Gary. Alias Émile Ajar (Gallimard, todavía no hay traducción española). Romain Gary (1914-1980) fue un judío ruso llamado Roman Kacew que rehizo su vida en Francia y se convirtió no solo en un gran escritor, sino en un monumento de la cultura francesa. Aventurero, resistente, diplomático, marido de la actriz Jean Seberg, escritor galardonado y de gran éxito, Gary estaba cansado de su vida y su fama, por lo que decidió inventarse un pseudónimo, Émile Ajar. Su primer libro, Gros Calin, tuvo un éxito discreto, pero el segundo, La vida ante sí (Debolsillo), fue un bombazo, tanto que ganó el premio Goncourt en 1975. Este galardón, el más importante de las letras francesas, que garantiza unas ventas enormes a un libro publicado el año anterior, no se puede entregar dos veces al mismo autor, pero como nadie sabía que Gary era Ajar es la única persona que ha repetido.Spire, que ha contado la vida de Gary en una serie de novelas, resume La vida ante sí como “una lección de humanismo”. El libro, divertido, tierno, emocionante, describe la relación entre Madame Rosa, una judía superviviente de Auschwitz, y un niño árabe llamado Momo. Transcurre en Belleville, uno de los barrios más multiculturales de París. La crítica Marie-Louise Coudert lo describió como “un testimonio contra el racismo”. El año en que esta novela se agotó en las librerías francesas, recuerda Spire, “Jean-Marie Le Pen se presentó por primera vez a unas elecciones presidenciales y logró el 0,75% de los votos en la primera vuelta”. Entonces era solo un personaje marginal, con un discurso al que nadie hacía mucho caso.Ibrahima Gueye y Sofia Loren en ‘La vida por delante’ (2020).El libro nunca ha dejado de traducirse y de leerse. La última versión cinematográfica, titulada La vida por delante, se estrenó en 2020 en Netflix con Sofia Loren como Madame Rosa (en la primera, de 1977, la protagonista era Simone Signoret). Sin embargo, lo que la novela describe, la enriquecedora convivencia entre personas que pertenecen a diferentes culturas y que tienen que buscarse la vida en un mundo hostil, parece haberse olvidado. Entonces, en los años setenta, todavía se recordaba la importancia de los migrantes en el boom económico europeo y hasta qué punto enriquecieron su cultura y su sociedad. Hoy, la ultraderecha —y una parte de la derecha— se empeña en enterrarlo bajo una montaña de estiércol racista. Y también se ha olvidado otra cosa todavía más importante, una lección que Europa parecía haber aprendido después del nazismo: los delirios racistas —y la teoría del Gran Reemplazo no es otra cosa— producen monstruos de odio y violencia. Todo lo contrario de lo que Gary quiso contar en su maravillosa superchería literaria.

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