Ni comparecencia conjunta con la prensa, ni foto para mostrar la sintonía entre ambos. La esperada reunión entre Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y la líder opositora venezolana María Corina Machado, un encuentro crucial para descifrar el futuro de Venezuela tras la intervención militar de hace 12 días que acabó con la captura a Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, adoptó este jueves un perfil bajo en la Casa Blanca.La ceremonia a puerta cerrada, una rareza viniendo de Trump, tan dado al espectáculo, la elección del comedor adyacente al Despacho Oval, y el hecho de que la reunión, un almuerzo de trabajo, se programara para coincidir parcialmente con la conferencia de prensa de la portavoz, Karoline Leavitt… todos sus detalles mandaron señales preocupantes a la oposición venezolana. Y dieron de nuevo la impresión de que Trump relega a Machado, de cuya idoneidad para suceder a Maduro expresó dudas el mismo día de la intervención en Caracas, a un papel secundario en la transición. Esta explicó después que durante la cita le había dado la medalla del Nobel que recibió en Oslo en diciembre pasado. Trump, por su parte, tardó unas cinco horas, otra rareza, en mandar un mensaje en su red social, Truth, para definir la cita como “un gran honor”. “Es una mujer maravillosa, que ha pasado por muchas penurias. María me ha ofrecido el Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he hecho”, escribió Trump. “Es un gesto maravilloso de respeto mutuo. ¡Gracias, María!”. El republicano no especificó en ese mensaje si lo había aceptado, ni compartió una foto del galardón. Tampoco entró en detalles sobre la conversación que mantuvieron. La recepción de la líder opositora, que accedió al recinto al mediodía sola, vestida de blanco y por una puerta lateral, dado que no es una jefa de Estado, llegaba pocas horas después de que Trump declarara en un encuentro con la prensa que considera a la jerarca chavista Delcy Rodríguez una “persona estupenda”, y de añadir que Estados Unidos “trabaja muy bien con ella” desde que esta, vicepresidenta con Maduro, tomó los mandos de Venezuela con la bendición de la Casa Blanca. La reunión duró algo más de dos horas, tras las que la política se acercó a unos simpatizantes concentrados en las inmediaciones de la Casa Blanca, y les dijo: “Contamos con el presidente [de Estados Unidos] para la liberación de Venezuela”. Después, fue al Capitolio a reunirse con un grupo de senadores. A la salida, confirmó a los periodistas que lo esperaban con temperatura bajo cero que le había ofrecido a Trump la medalla del Nobel. “Le dije que hace 200 años el general Lafayette le entregó una medalla con la efigie de George Washington a Simón Bolívar, que este siempre atesoró”, afirmó en español y en inglés. “También le subrayé que justo 200 años después, el pueblo de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento a su labor en favor de Venezuela”. No especificó si el galardón era original o una réplica; tampoco respondió a la pregunta a la de si la había aceptado Trump, que en esos momentos estaba recibiendo ante las cámaras a los Florida Panthers, ganadores de la liga nacional de hockey. Fuentes de la Casa Blanca dijeron después a CBS que la medalla era “la auténtica”. No fue posible saber si ese gesto hizo cambiar en algo de idea a Trump, que el mismo día del ataque por sorpresa que acabó con el autócrata chavista y su esposa sentados en el banquillo de un tribunal federal de Nueva York acusados de delitos de “narcoterrorismo” y tráfico de cocaína y armas dejó claro que no considera a Machado idónea para liderar la transición. Este jueves, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró en una comparecencia, mientras se celebraba el encuentro, que el presidente de Estados Unidos seguía dudando de la capacidad de Machado para suceder a Maduro: “Es una postura realista y no ha cambiado”. “[Trump] estaba deseando que se celebrara esta reunión y esperaba que fuera una conversación buena y positiva, porque [ella] es una voz verdaderamente notable y valiente para muchos venezolanos”, añadió acerca del encuentro con la líder opositora. Sobre Rodríguez, recordó que “[Trump] habló directamente con ella esta semana”. “Y el secretario de Estado [Marco] Rubio y la Administración han estado en constante comunicación con Rodríguez y con otros miembros del Gobierno interino en Venezuela. Han sido extremadamente cooperadores. Hasta el momento, han cumplido con todas las demandas y solicitudes de Estados Unidos y del presidente”.El carácter del encuentro a puerta cerrada y la atropellada intervención de Machado ante los medios no permitieron tampoco saber si esta había logrado hacer valer en el cara a cara el papel de la oposición en los planes de Washington de tutelar el país sudamericano y de hacerse cargo de su petróleo. Sí alcanzó a decir que había sido “un día histórico”, y que se había quedado impresionada por el dominio del republicano de la situación en Venezuela. “Esto no se trata de una persona, sino de un movimiento”, advirtió. La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez antes de comparecer en rueda de prensa. Foto: REUTERS/Leonardo Fernandez ViloriaMachado llevaba días poniendo buena cara a los desplantes y trabajando por propiciar la reunión de este jueves, en la que se jugaba mucho: necesitaba convencer al republicano de que no es una buena idea permitir a Rodríguez, su gran enemiga, seguir en el poder tras meses en los que Machado abogó por una intervención militar y prefirió no criticar las ejecuciones extrajudiciales de tripulantes (más de 100) de supuestas narcolanchas en el el Caribe. Sus deseos se cumplieron finalmente el 3 de enero, pero vinieron acompañados de la decepción de escuchar la siguiente frase al inquilino de la Casa Blanca: “[Machado] No cuenta con el apoyo ni con el respeto dentro del país”.Esta, según su oficina de prensa, llegó a Washington para trasladar a Trump la “gratitud del pueblo venezolano por su apoyo inquebrantable a la democracia y la justicia en el país”, así como para pedirle que “abogue por la liberación de todos los presos políticos”. En una entrevista con Reuters, el republicano definió este miércoles a su invitada como una “mujer agradable”, y auguró que durante la reunión hablarían “de lo básico”. María Corina Machado, en Noruega, el 11 de diciembre de 2025.HEIKO JUNGE (EFE)Machado ya se había mostrado dispuesta a compartir con Trump su Nobel de la Paz. El presidente de Estados Unidos vive obsesionado con la idea de que se merece ese galardón, porque considera que ha acabado con “ocho o nueve guerras”, aunque esa consideración sea otra prueba de su conflictiva relación con la verdad.Sobre la posibilidad de recibir ese agasajo de Machado, a la que rara vez la llama por su nombre, Trump había declarado que cuenta con que la política opositora venezolana le ofrezca su galardón. También, que planea aceptarlo, pese a que el Comité Nobel ya había advertido a ambos de que no es transferible, porque el objeto “puede cambiar de propietario, pero no la distinción”. La decisión de Trump de relegar a Machado da también la impresión de que la Casa Blanca ha optado por pasar la página de los resultados electorales de las presidenciales venezolanas de 2024, que, según una mayoría de informes internacionales, ganó ampliamente Edmundo González Urrutia, candidato de Machado (que no se pudo presentar porque estaba inhabilitada). Maduro se negó a reconocer esa derrota. “He insistido y seguiré insistiendo en que Venezuela tiene un presidente electo”, dijo la líder opositora a los senadores de Washington. A estas alturas, no está claro si Estados Unidos cuenta con convocar una nueva cita con las urnas, ni cuándo o cómo podría tener lugar. Leavitt dijo que ese momento llegaría, pero no dio la impresión de que Washington tenga prisa. Así que todas esas preguntas quedaron de nuevo sin responder este jueves tras la visita de Machado a la Casa Blanca.
Trump apuntala a Delcy Rodriguez mientras relega a María Corina Machado en la Casa Blanca
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