Estos días, el príncipe Andrés de Inglaterra (palacio de Buckingham, Londres, 65 años) pasa el tiempo jugando al golf, montando a caballo, viendo vídeos sobre aviación o leyendo novela negra. Como un jubilado dichoso, si no fuera porque un nuevo libro, situado ya entre los más vendidos, ha vuelto a poner sobre la mesa que el hijo favorito de la difunta Isabel II sigue siendo el problema no resuelto de la familia real británica.Entitled: The Rise and Fall of the House of York (William Collins, 2025) (Privilegiado: auge y caída de la Casa de York, en español) es una sentencia demoledora y definitiva de 450 páginas contra el duque de York, firmada por el historiador Andrew Lownie. Es el mismo autor que confirmó definitivamente las simpatías nazis de Eduardo VIII, el duque de Windsor, aquel rey que abdicó por amor y dejó al Reino Unido en la estacada a las puertas de la II Guerra Mundial. O que reveló las maniobras arteras de Guy Burgess, uno de los cinco “espías de Cambridge” para confundir al establishment británico —del que era un hijo también privilegiado— y convertirse en el hombre de Stalin en el corazón del Imperio Británico.Más informaciónLownie utiliza centenares de fuentes directas e indirectas para elaborar casi un obituario en vida de Andrés de Inglaterra, que contribuirá a hacer prácticamente imposible la redención pública a la que, de manera algo ilusa, seguía aspirando el duque. La mayor desgracia arrastrada por el príncipe Andrés hasta la casa de Windsor es su relación con el multimillonario y pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein. El libro incide en la amistad y manejos de estos dos hombres poderosos, aunque presenta al duque casi como “un ratón encerrado en la misma caja que una serpiente de cascabel”. Los vínculos entre ambos personajes, según Lownie, se remontan a principios de la década de los noventa, mucho antes de lo que en un principio se pensaba.La portada del libro ‘Entitled: The Rise and Fall Of The House Of York’, escrito por el historiador Andrew Lownie.Ming Yeung (Getty Images)La sombra de Virginia GiuffreVirginia Giuffre, la mujer que le acusó de haber abusado de ella al menos en tres ocasiones cuando era menor de edad, después de que los pusiera en contacto Epstein, se suicidó en Australia el pasado mes de abril a los 41 años. Pero dejó unas memorias póstumas que publicará este octubre la editorial Knopf. Será la primera vez que se escuche la voz de Giuffre después del acuerdo extrajudicial que alcanzó con los abogados del príncipe Andrés en febrero de 2022, para retirar su demanda por abuso sexual. Aunque la cantidad pagada por el duque de York es confidencial, los medios británicos apuntaron a una cifra cercana a los 14 millones de euros, y sugirieron que gran parte fue desembolsada por Isabel II de su fortuna personal.La relación de Andrés con Epstein resucita de nuevo en el momento en el que el fallecido multimillonario vuelve a acaparar titulares por su pasada relación con el actual presidente estadounidense, Donald Trump, y Lownie sugiere en su libro que los dos hombres incluían en sus andanzas y comentarios al entonces exitoso empresario neoyorquino de la construcción.Las memorias de Giuffre suponen una nueva sombra sobre la reputación, ya prácticamente finiquitada, de Andrés de Inglaterra, y otro quebradero de cabeza para el rey Carlos III, que se debate entre mantener la actitud compasiva hacia su hermano que desplegó la madre de ambos o romper definitivamente amarras con él. Este verano, el duque de York ha vuelto a ser invitado a pasar unos días con el resto de la familia, a finales de agosto, en el castillo escocés de Balmoral, junto a su exesposa, Sarah Ferguson, y sus hijas Beatriz y Eugenia de York. Pero aunque el nuevo monarca ha mantenido ese ritual, difícilmente se deja ver por un lugar que no se encuentra entre sus favoritos, todo apunta a que no llegará a cruzarse con su hermano.De izquierda a derecha: Carlos, Ana, Andrés y Eduardo, caminan tras el féretro de su madre, la reina Isabel II, desde Buckingham a la abadía de Westminster, el 14 de septiembre de 2022.WPA Pool (Getty Images)El retrato de Lownie dibuja a un hombre caprichoso, déspota y cruel, capaz de echar sin contemplaciones a personal de su servicio por tener un lunar en la cara que le molestaba, o por atreverse a vestir una corbata de poliéster en vez de seda. De llamar a alguien “imbécil” sin contemplaciones por no referirse a su madre, la reina, con los títulos y el protocolo adecuado, de despachar a varios de sus escoltas a buscar las bolas de golf que se le habían perdido o de utilizar alegremente jets privados para su transporte como quien toma un taxi. Aunque el libro está repleto de anécdotas jugosas, realiza un serio esfuerzo por elaborar un semblante psicológico del personaje, al que describe como aislado, inseguro, obsesionado con el sexo e incapaz de descubrir su verdadero encaje en el mundo y entre las personas que le rodean. Capaz de actos heroicos, como demostró al pilotar helicópteros durante la guerra de las Malvinas, que enfrentó al Reino Unido con la Argentina de la junta militar, y de bromas grotescas, como cuando comentó a una mujer sentada a su lado que el paté olía mal, y cuando ella se inclinó a oler el suyo, le estampó la cabeza en el plato.Como personaje complementario e indisoluble del príncipe Andrés aparece su exesposa, Sarah Ferguson, que sigue compartiendo con él las viviendas de la casa real. La duquesa de York tiene, describe Lownie, una habilidad para las relaciones sociales de la que carece su exmarido, pero también una afición por el dinero y una tendencia compulsiva a gastarlo sin freno que ha puesto en apuros en muchas ocasiones al palacio de Buckingham. Se convirtió en “la mayor amenaza individual de esa era para la monarquía”, según dejó dicho Robin Janvrin, el entonces secretario de comunicación de Isabel II. Los duques de York, junto a la reina Isabel y Felipe de Edimburgo, el 21 de abril de 1986 en el balcón del palacio de Buckingham, en Londres.David Levenson (Getty Images)Entre sus “logros” se encuentra el romance con un magnate petrolífero tejano o la invitación al palacio de Buckingham, para una cena privada, al entonces jefe de la comercialización del petróleo iraquí, justo un mes antes de que Sadam Husein se lanzara a invadir Kuwait. Fergie, como la conocen los británicos, mantiene el título de Su Alteza Real y sigue usándolo para promocionar productos diversos con los que encandilar a los estadounidenses, a los que fascina todo lo que proceda de la realeza británica.
Un nuevo libro vuelve a colocar al príncipe Andrés en el ojo del huracán, y en breve se sumarán las memorias póstumas de Virginia Giuffre | Gente
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