
Hong Kong ha guardado tres minutos de silencio este sábado por la mañana, en honor a las víctimas del peor incendio que ha sufrido la ciudad en siete décadas: el que destruyó el miércoles siete de las ocho torres del complejo de viviendas sociales de Wang Fuk Court. Con un pequeño acto organizado en la sede del gobierno local y presidido por el jefe de la región administrativa especial, John Lee, comienzan tres días de luto por una tragedia que se ha cobrado al menos 128 vidas.Los equipos de búsqueda y rescate continúan trabajando sin descanso para dar respuesta al paradero de alrededor de 200 personas que, según las autoridades, es “incierto”. Esa cifra incluye 89 cuerpos que “no han podido ser identificados”.Entre los desaparecidos están dos familiares de Haylee Chow, residente de Wang Fuk Court de 19 años. “Seguimos esperando. No tenemos noticias de momento”, dice por mensaje este sábado por la mañana (madrugada en España), 66 horas después de que empezara el fuego. Los bomberos dieron por extinguidas las llamas el viernes a mediodía. El director de bomberos confirmó entonces que las alarmas antiincendios de los ocho bloques de la urbanización no funcionaron. Personas frente a los edificios en llamas. Foto: (AP Photo/Chan Long Hei)La joven Haylee, que estaba en la Universidad cuando comenzó el incendio, supo que su abuela había sido evacuada el mismo miércoles por la noche, porque vio su foto en las portadas de varios medios locales, pero continúa sin saber a qué hospital fue trasladada y en qué estado se encuentra. Tampoco tiene noticias de su madre, con quién logró contactar por teléfono en los primeros minutos del desastre. Estaban en la quinta planta del rascacielos, que tiene 31. La cuarta inquilina de la vivienda en la que reside, su tía, estaba haciendo la compra en ese momento. Las dos han pasado estas jornadas a la espera. En una publicación de Facebook, William Li, otro superviviente de la catástrofe, de 40 años, rememora lo ocurrido. “En el instante en que abrí la puerta, la oscuridad se apoderó de mí: el humo espeso me tragó por completo”.Li se encontraba en casa, descansando, cuando se desató el horror. Es residente de Wang Cheong House, el primer bloque que ardió. Su mujer le llamó por teléfono para alertarle. “Intenté encender la linterna del móvil, pero no veía nada, ni siquiera mis propios dedos. ¡Me costaba muchísimo respirar!”, relata. Li volvió a llamar a su esposa, que lloraba sin consuelo y le explicó que el vestíbulo del edificio era “un mar de llamas”. “En ese instante supe que todas las vías de escape estaban cortadas. Había quedado atrapado en un infierno, que se supone debía llamar ‘hogar’. Solo podía esperar, con impotencia, que me rescatasen”.Cuenta que se calmó, buscó toallas en casa para humedecer todo lo posible y, entonces, escuchó voces en el pasillo. “Agarré la toalla mojada y salí sin vacilar. No habían pasado ni diez segundos y no podía dejar de llorar por la irritación en los ojos. La garganta me ardía”, describe. Era una pareja de vecinos, a quienes arrastró hasta su vivienda: “Solté un suspiro de alivio; sentí que ya no estaba luchando solo”.Estaban en la segunda planta. “Les dije que, si no quedaba otra, intentaríamos saltar por la ventana”, prosigue en su texto. “Los acomodé en la habitación, les pedí que descansasen y que no se preocuparan, que no íbamos a morir”. Li detalla sus pensamientos y emociones durante aquellos minutos interminables. Habla de una “lluvia desesperada” a través de la ventana, “un paisaje tan cruel que cortaba la respiración”: “veía incontables objetos ardiendo cayendo del cielo, como copos de nieve negra mezclados con chispas”. Envió mensajes a sus seres queridos. “Pensé que me quedaría allí para siempre”, reconoce. “Pero entonces vi la silueta de los bomberos desde la ventana”. Movió los brazos sin parar, usó la luz del móvil para hacer señales. Alrededor de las 16.00 de aquel miércoles, los bomberos le aseguraron que estaban organizando los rescates. “Esperé obedientemente”. A las 18.00, la escalera mecánica llegó a su ventana. Instó a sus compañeros a salir primero. “Soy más joven, puedo aguantar un poco más”, les dijo. Li escribió sus palabras y reflexiones el viernes desde el hospital, donde estaba en observación. Las causas del incendio continúan siendo una incógnita, mientras las autoridades tienen abiertas varias investigaciones, que se calcula durarán entre tres y cuatro semanas. El complejo residencial Wang Fuk Court, hogar de 4.600 personas, se encontraba en obras desde julio de 2024. Las fachadas de sus ocho torres estaban cubiertas por andamios de bambú y envueltas por mallas verdes. Ese montaje exterior, unido presuntamente a la colocación de planchas de espuma de poliestireno (un material muy inflamable) en las ventanas, permitió que las llamas treparan a una velocidad inusual y pasaran de un rascacielos a otro, según las primeras pesquisas. El ministro de Seguridad, Chris Tang, apuntó el viernes que las planchas de poliestireno, al arder, generaron temperaturas tan altas que hicieron estallar los cristales, lo que hizo que las llamas penetraran rápidamente en el interior de las viviendas (unos apartamentos muy pequeños, de unos 40 metros cuadrados). Hay 11 detenidos, tres de la empresa encargada de las obras, Prestige Construction & Engineering, y ocho vinculados a la consultora Will Power Architects, también implicada en la renovación.Los voluntarios situados en los alrededores de la urbanización incendiada han informado este sábado a los medios de que han recibido “instrucciones de un departamento gubernamental” de desalojar la zona, que funciona como punto de acopio de bienes donados. Cientos de personas se han movilizado a través de redes sociales para ayudar a los afectados. Según datos publicados el viernes, alrededor de 800 residentes de Wang Fuk Court habían sido reubicados en alojamientos temporales, como hoteles, albergues y apartamentos de corta estancia.
Un superviviente del incendio de los rascacielos de Hong Kong: “Abrí la puerta y el humo me tragó” | Internacional
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